¿QUIERES SENTIRTE CAPAZ? AVERIGUA CÓMO

No es casualidad que mi primer post se titulase “¿Cómo sentirme valiosa?”.

Si tuviera que elegir solamente dos pilares sobre los que se construye la autoestima serían estos dos y además en este orden: sentirse valiosa y sentirse capaz.

Sentirme capaz es nada más y nada menos que sentir que YO PUEDO, que tengo capacidad para afrontar con éxito los desafíos, las dificultades y los cambios que la vida me presenta a diario y conseguir aquello que me propongo (objetivos, retos, deseos, sueños).

El concepto que tengo de mí dependerá en gran medida de cuán capaz me siento.

Si yo me siento capaz, me sentiré a gusto conmigo misma, no me paralizaré ante los cambios y las dificultades y me querré.

Si yo no me siento capaz, sentiré inseguridad, miedos que me bloquearán, renunciaré a conseguir lo que quiero, me frustraré, me querré menos y además se confirmarán mis peores temores sobre mi “supuesta incapacidad”.  Es un círculo vicioso.

La primera dificultad con la que se topa la capacidad es que hacemos un escáner a toda velocidad de nuestras cualidades y defectos (poniendo especial énfasis en éstos), sacamos conclusiones, decidimos quiénes somos y cómo somos y consideramos que esas conclusiones son ciertas e indiscutibles.

La buena noticia es que sí son discutibles.

Por pura supervivencia, estamos preparadas biológicamente para detectar posibles peligros y dificultades, y por cómo hemos sido educadas, en la cultura del error, centramos nuestra atención y detectamos fácilmente lo que no nos gusta, aquello en lo que fallamos y que nos hace sentir pequeñas y con la misma facilidad pasamos por alto nuestras muchísimas cualidades, aquellas en las que somos realmente buenas, y  si por casualidad se nos ocurre alguna, ya nos encargamos nosotras de restarle importancia y repetirnos lo poco importantes y valiosas que son. Somos expertas en auto-agredirnos psicológicamente y en no reconocer nuestro talento y potencial.

Si no fueras capaz y competente para vivir ya no estarías aquí, pero me gustaría que lo comprobases por ti misma. Te propongo que reflexiones con la ayuda de estas preguntas (responder por escrito puede ayudarte a hacerlo más palpable y a sentirte reforzada) :

>¿Qué objetivos que te has propuesto sí has conseguido? No se trata de haber escalado el Everest. Todos valen, los que para ti fueron asequibles, los que tuvieron una dificultad media o los que supusieron un gran desafío. Recuerda que todo es subjetivo. Por ejemplo, para mí aprender a conducir fue casi como subir al Everest, y sin embargo, para ti puede haber resultado fácil y divertido. No menosprecies ninguno.

>¿Cómo hiciste para conseguirlos?

>¿Qué capacidades y fortalezas pusiste en marcha para lograrlos?

>¿Cómo te sentiste?

>¿Los valoraste como merecían o les restaste importancia?

>¿Qué méritos te quitaste entonces y cuáles podrías atribuirte ahora que lo miras detenidamente?

>¿En qué eres buena? ¿Qué se te da bien? ¿Qué haces con facilidad? Aquello que realizamos sin esfuerzo y con lo que disfrutamos suele ser un don o talento innato, sin embargo tendemos a quitarle importancia precisamente por la facilidad con que lo hacemos, y se trata de todo lo contrario, valorarlo especialmente porque es un don, un regalo.

Lo que sea que hayas descubierto, guárdalo como un tesoro.

La segunda dificultad con que se encuentra la capacidad es consecuencia directa de la primera. No dar ni un paso hacia aquello que quiero conseguir, porque en mi mente tengo claro que no lo voy a lograr (después de haber sacado mis conclusiones que para mí son incuestionables). He dado por perdida la partida sin haber empezado a jugarla.

Es una construcción mental, muy probablemente errónea, distorsionada, falsa, creada por mi mente, pero el hecho es que está ahí.

La cuestión es, si aun partiendo de ese punto, elijo quedarme donde estoy o empiezo a recorrer el camino para transformar la situación.

La gran tragedia es DECIDIR QUE NO SOY CAPAZ sin ni siquiera haberlo intentado.

Es legítimo rendirse sin haber dado ni un solo paso, siempre que te sientas a gusto y en paz.

Sin embargo, lo más probable es que te sientas frustrada, atrapada y empequeñecida por haberte quedado donde estás, con un zapato que te aprieta y que acabes instalándote “cómodamente” incómoda en la queja (que no sirve más que como desahogo momentáneo y a veces ni eso).

Te animo a comenzar a dar pasos para que tu zapato sea de tu talla.

>Comienza por pequeñas acciones, a pesar de cómo te sientas, pero comienza. Se trata de ir abriendo brecha por algún lado. A medida que compruebes que sí puedes con ellas, tu confianza se irá fortaleciendo y te atreverás a seguir haciendo y avanzando en la dirección que te has propuesto.

>Valora tus cualidades, incluidas las que te parezcan menos relevantes. Nútrelas de tu propio reconocimiento y apoyo, concédeles valor, porque lo tienen.

>Minimiza tus “defectos”. Haz el esfuerzo consciente de prestar más atención a lo que sí haces bien, a lo que sí te gusta de ti y de enfocarte menos en lo crees que fallas o no haces tan bien como te gustaría.  

>“Trocea” el objetivo. Divídelo en pequeños objetivos que sí te parezcan alcanzables. Por ejemplo, quieres superar tu timidez. Hoy sonríe a esa chica de la farmacia que parece afable, el próximo día puedes intercambiar alguna frase de cortesía con ella, la siguiente vez quizás puedas entablar una pequeña conversación trivial, puede que en menos tiempo del que crees estés hablando con ella fácilmente, sin que te cueste esfuerzo y que además te resulte agradable.

Ninguna persona nace sabiéndolo todo ni con todas las capacidades adquiridas. Si ese fuera el único punto de partida, nadie habría dado nunca un paso adelante.

Se trata de:

  • empezar a hacer a pesar de …
  • no rendirte sin haberlo intentado…
  • no tirar la toalla aunque no lo consiga a la primera…

Y por encima de todo se trata de concederte a ti misma el derecho y la oportunidad de intentarlo.

 

 

2 replies on “¿QUIERES SENTIRTE CAPAZ? AVERIGUA CÓMO

  • Barb Coach

    Hola Carmen!

    Leyendo tu apartado “Sobre mí” me he sentido bastante identificada…
    Creo que es una “lucha” común en todas nosotras, esa búsqueda de nuestro propio espacio siguiendo nuestros propios valores.

    Y este post es muy cierto, decidir que no puedo o que no soy capaz es renunciar a nuestros sueños… ¡por los de otros!

    Un saludo 🙂

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    • Carmen Alba

      Bárbara, muchísimas gracias por tu comentario.
      Lo tremendo es que muchas veces decidimos “que no podemos o que no somos capaces” sin ni siquiera haberlo intentado!!! Basándonos en las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, sin cuestionarlas. Por eso me obsesionan tanto las creencias limitantes y me ecanta ayudar a desmontarlas y transformarlas.
      Un abrazo, Bárbara. Mucho éxito y enhorabuena por estar trabajando en hacer realidad tu sueño.

      Responder

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