¿Cómo valorarte bien para quererte mejor?

 

¿CÓMO VALORARTE BIEN PARA QUERERTE MEJOR?

Todas tenemos una noción básica de lo que es la autoestima y de alguna manera intuimos la importancia y el impacto que tiene en nuestro día a día.

Simplificando mucho, casi seguro, estarás de acuerdo en que se trata de quererte y aceptarte a ti misma siendo quien eres y cómo eres.

¿Cuántas veces te has dicho “tengo que quererme más” o te han dicho “tienes que quererte más”?

Te confieso que a mí me ponen de los nervios las personas “bienintencionadas” que me dicen lo que TENGO QUE HACER, especialmente cuando no se lo he preguntado, será porque en el fondo llevo dentro una rebelde sin causa, con lo fácil que es como mucho sugerir en todo caso.

A lo que iba.

Ya me irás conociendo, y verás que me encanta ponerle palabras a las cosas, porque creo que ayuda mucho a comprenderlas. Sin embargo, no voy a incidir más en la definición de autoestima, que aunque engloba muchos más conceptos y significados, para lo que quiero contarte de una forma sencilla, ésta nos basta.

¿Y si te dijera que la autoestima también incluye la valoración íntima y personalísima que tú haces de ti misma y que ésta es una pieza clave del rompecabezas?

Es decir, no importa si los demás piensan de ti que eres maravillosa, inteligente, preciosa y un dechado de virtudes, porque cuando estamos hablando de TU AUTOESTIMA lo que cuenta es lo bien o lo mal parada que sales de la evaluación/valoración/juicio a los que tú misma te sometes, y esa es la “nota” decisiva (que no definitiva, si te pones manos a la obra) con la que finalmente te vas a quedar.

No importa cómo te puntúan los demás, lo realmente importante a la hora de auto-estimarte es cómo te puntúas tú.

Es cierto que recibir afecto, comentarios positivos y valoración de terceras personas, sienta muy bien y contribuye positivamente en nuestras vidas y que lo contrario generaría un efecto nocivo. Sin embargo aunque ser amada, valorada y admirada por tu familia, tu pareja y amigos es maravilloso, no contribuye específicamente a que tú te ames y te valores como mereces.

En mi opinión, la autoestima es un “asunto propio”, una necesidad fundamental a satisfacer desde la propia responsabilidad y cada una decide si quiere atenderla o no.

Como te decía la autoestima tiene un componente de juicio, y “el juicio más importante al que te sometes es el tuyo propio”.

Ese juicio es a veces tan rápido, tan automático, tan inconsciente que no te da tiempo ni a reaccionar ni a percibirlo. Otras veces sí que eres consciente, cuando te quedas a solas y al desnudo, con lo más profundo e íntimo de tu ser, pasas revista, te evalúas y sientes que has suspendido el examen.

Sea como fuere sus efectos se sufren en carne propia, por eso te decía en el post que cuando percibas en ti la palabra juicio, hagas sonar en tu imaginación la alarma de una alerta nuclear, porque cuando te juzgas vas a tender más a machacarte que a decirte lo estupenda que eres.

 

 

Y te preguntarás ¿Cómo salgo triunfante de la valoración íntima que hago de mí? ¿Cómo me apruebo?

Te dejo algunas pistas.

 Identifica cuándo se activa tu juez interior y qué te dice.

Si no eres consciente de que te estás juzgando y de qué te estás diciendo difícilmente podrás actuar sobre ello. ¿Cuándo habla esa voz? Cuando las cosas no salen como esperabas, cuando te gustaría ser de otra forma en lugar de cómo eres… ¿Qué te dice esa voz? ¿Está juzgando tu competencia, tu no suficiencia para… o tal vez tu identidad? Este último es el punto más delicado, cuando lo que está en tela de juicio es tu identidad, quién y cómo te dices que eres.

Cuando lo que estás pensando o diciéndote a ti misma duele, es síntoma de que tu amor propio está chillando porque se siente herido, llora para llamar tu atención, es su forma de decirte “no me hagas daño”. Puede parecer una perogrullada, pero no lo es, quédate con esta idea: la mayoría de las veces que lo que pienso y me digo me duele, es porque no estoy pensando y hablándome adecuadamente.

Y me dirás, ya, ¡pero es que lo pienso! Sigue leyendo.

 Revisa y reformula los criterios en función de los que te estás evaluando.

Esos pensamientos y palabras proceden de un sistema de autoevaluación distorsionado. Más sencillo, te estás evaluando conforme a unos criterios rígidos e inalcanzables, totalmente subjetivos (claro está, porque son los tuyos) y seguramente poco razonables y racionales que te dicen quién y cómo deberías ser y cómo deberías actuar.

Si te pregunto ¿Ese criterio es lo suficientemente flexible, razonable, alcanzable, lógico, racional y objetivo? Eres capaz de responderme “SÍÍÍ, claaaaro” y es totalmente lógico, porque es el tuyo (subjetivo) y a ti te parece de lo más normal.

Sin embargo, si te pido que pienses en una persona a la que de verdad quieres y te pregunto ¿Le exigirías a tu hermana/mejor amiga… lo que te estás exigiendo a ti? Seguramente la respuesta será NOOOOO.

Pues si quieres evaluarte adecuadamente, el criterio/la norma aplicable es la misma para ti que para una persona a la que quieres, porque cuando te estás valorando a ti misma el objeto de tu amor en ese caso eres tú.

Hacer una valoración lo más flexible, respetuosa, razonable, generosa y compasiva de ti misma te puede ayudar considerablemente a mejorar la relación que tienes contigo.

No importa cómo te valoren y cuánto te amen los demás, sólo tú puedes proveerte de tu propio reconocimiento, apoyo y amor y eso pasa necesariamente por responsabilizarte de esas tareas.

Por supuesto que puedes pedir ayuda si la necesitas, si no sabes por dónde empezar o para acelerar el proceso, pero para ello es imprescindible un primer paso por tu parte de compromiso y auto-responsabilidad contigo misma.

Te invito a dar tu primer paso, la recompensa es enorme.

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